El duelo no solo toca lo que perdimos, también sacude cómo nos percibimos. Es natural sentir fragilidad o dudar de nuestro valor. Entendemos la autoestima como el juicio de valor sobre nosotros mismos. El tener una autoestima sana, nos brinda seguridad en nosotros mismos y estabilidad emocional.
Ejemplo: Tras una ruptura o pérdida, reprocharte «debí hacer más» hiere tu autoestima. Sanar implica tratarte con la misma ternura y paciencia con la que cuidarías a quien más amas.
El duelo transforma la forma en que habitamos el mundo y sacude la percepción de quienes somos. Perder un trabajo, un vínculo o un ser querido genera incertidumbre, haciéndonos dudar de nuestro valor.
Sostener tu autoestima requiere paciencia y autocompasión:
- Valida tu ritmo: Si hoy solo pudiste levantarte y respirar, es suficiente; evita medir tu valor por tu productividad.
- Frena la culpa: Transforma pensamientos severos como «debí hacerlo mejor» en afirmaciones amables: «hice lo mejor que pude con lo que sabía en ese momento».
- Honra tus necesidades: Acepta pedir ayuda o guardar silencio sin sentir que eres una carga para los demás.
- Enfocarse en el potencial de transformación, entendiendo que hay que fijarse más en la capacidad de mejorar y dejar atrás los malos hábitos que en nuestras debilidades.
Cuidar de ti en la tormenta es la mayor prueba de amor propio.

